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Rosa Gutiérrez López ya había comprado el boleto de avión para regresar a su país de origen, al cual le tiene miedo.

Las autoridades federales de inmigración dijeron que tenía que dejar Estados Unidos antes del 10 de diciembre, a pesar de que su abogado solicitaba a una corte en Texas la suspensión de su orden de deportación, con argumentos sobre los tres hijos nacidos en el país que ella está criando sola.

La residente de Fredericksburg, Virginia, no podía imaginarse dejando a su hija de 11 años y sus hijos de 9 y 6 años. El menor de los tres tiene síndrome de Down. Pero la vida que imaginó para ellos no fue en América Central, donde los recursos para necesidades especiales son escasos y las pandillas merodean su antiguo vecindario.

Así que Gutiérrez López, de 40 años, nunca abordó el avión. En cambio, buscó refugio en la Iglesia Universalista Unitaria de Cedar Lane en Bethesda, en Maryland.

Los defensores dicen que ella es la primera inmigrante indocumentada que se refugia en una casa de adoración en el área de Washington, desde que una red regional de congregaciones se movilizó en los últimos años para resistir la aplicación más estricta del presidente Trump.

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